Recordemos este encuentro histórico entre Sally Potter, Ulrike Ottinger y Paul B. Preciado en el CCCB.
La Mostra de Films de Dones de Barcelona (MIFDB) me encargó dinamizar el primer encuentro de la historia entre les cineastas responsables de las tres adaptaciones cinematográficas del ‘Orlando’ de Virginia Woolf: la veterana Ulrike Ottinger (‘Freak Orlando’, 1981), la icónica Sally Potter (‘Orlando’, 1992) y el filósofo queer Paul B. Preciado (‘Orlando, mi biografía política’, 2023).
Aquí va el meollo. La película de Ulrike Ottinger prácticamente no se conoce en España, se ha proyectado sólo en museos y nada tiene que ver con el original de Woolf; a la alemana tampoco le ha interesado dar nunca explicaciones sobre lo simbólico. La cinta con Tilda Swinton es la más divulgada, pero ha sido catalogada de antigua y enebefóbica por Paul B. Preciado en numerosas entrevistas. Sally Potter lleva años rechazando que la suya sea una obra política o feminista, lo cual asimismo choca de frente con la posición de Preciado.


El público, además, no necesariamente habría visto las tres películas. Súmale el reto de conjugar la lejanía de estas tres perspectivas, y más sobre una obra –el ‘Orlando’ literario– de profundidad sin parangón. Pero lo multidisciplinario de mi trayectoria maridaba bien la propuesta, así como el haber acogido con éxito, dos años atrás y junto a Bob Pop, el estreno de la película de Preciado en Barcelona.
La necesidad
Ante la multitud de prismas discordantes sobre ‘Orlando’ y lo particular de los perfiles, el gran qué de la actividad pasaba sin duda por apuntar bien a los resultados esperados y concentrar esfuerzos ahí.
• Debía plantear qué tienen en común tres obras radicalmente dispares, y con qué temas de la novela de Woolf dialogan; en una capa superficial y más allá.
• Al tratarse de un evento de calibre histórico, había que generar espacio para momentos memorables y celebratorios.
• Me propuse encontrar las palabras exactas, en la formulación de mis preguntas abiertas, que encapsularan las potencias políticas tan reivindicadas por Preciado pero no las explicitaran a Potter, y que no pidieran explicaciones a Ottinger.
• Había que asegurarme de que todo el mundo entendiera las referencias mencionadas sin tener fresco el clásico de Woolf, o haber visto las tres películas.
• Teníamos que encapsular un debate en profundidad en una hora escasa, reservando tiempo para la intervención del público.
Manos a la obra
Aquí no detallaré la investigación en profundidad sobre la obra de Virginia Woolf que ocupó los meses previos al redactado de mi guion definitivo, pero me documenté. Mucho.
• Compartí mi primera versión de escaleta con el CCCB y la MIFDB para corroborar que andábamos las tres partes en la misma página, en cuanto a contenidos y enfoque.
• Un mes antes de la actividad, enviamos el guion definitivo a les ponentes para su aprobación. Asimismo, decidí pedir a Ottinger, Potter y Preciado que escogieran un fragmento de la novela para abrir la conferencia leyendo las palabras de Woolf.
- Así, refrescaríamos en el imaginario del público las palabras del material original, concretándolas de entrada en pasajes agradables para les ponentes, en lugar de puntos demasiado genéricos o de conflicto (como la adscripción a una determinada lectura política).
- También redacté una introducción larga pero concisa para situar a la platea ante las particularidades de cada obra.
Presencié los coloquios de ‘Freak Orlando’ y de ‘Orlando’, donde anoté algunos puntos de interés y roces que no había tenido en cuenta, y así acabé de editar mi guion.
Con la organización, decidimos dar mucho margen previo a la mesa para que les participantes se conocieran con calma, y se celebró una cena distendida posterior.
El resultado
El día 1 de diciembre, celebramos el encuentro en el Hall del CCCB ante un público de unas 350 personas. Todo salió según lo previsto, excepto la lectura de los fragmentos de la novela, que descartamos a última hora por la buena química imperante en el encuentro previo.
En la mesa, Sally Potter y Paul B. Preciado intercambiaron elogios cruzados, se reforzaron los boxes particulares y Ulrike Ottinger pudo intervenir desde su posición como pionera. Al final, el acto se prolongó hasta la hora y media, aunque había disposición de público y ponentes por seguir incluso más. Así quedó reflejado en crónicas como la de Eulàlia Iglesias en Filmtopia.


Ahora bien, para cumplir con mi compromiso de sugerir mejoras sobre las actividades que diseño e implemento, trasladé a la organización algunas propuestas de formato y de tiempos que pueden ayudar a profundizar en los temas más candentes de una obra –y tres adaptaciones– fundamentalmente inabarcables.
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